miércoles, 19 de septiembre de 2012

El recuerdo más escondido y valioso es al que más miedo le tenemos.


A veces me encantaría gritar fuerte. Gritar a pleno pulmón lo mucho que te echo de menos. Lo mucho que recuerdo aquel día. Sé que no hablamos, que no nos presentamos, per ose que nos sonreímos y que con eso todo bastó. Aun recuerdo cuando quise sentarme y ahí te vi, con esos ojos azules oscuros mirándome y ese pelo rubio platino pero sin llegar a ser blanco moviéndose por el aire acondicionado que se respiraba en el aeropuerto. Aun recuerdo cuando le contaba cosas a mi madre mientras nos intercambiábamos miradas distraídas pero llenas de sentimientos. Todavía pienso que aquello fue el destino, pues de cinco aviones que salían, tuviste que meterte en el mismo que el mío… todavía recuerdo nuestras caras de alivio al ver que íbamos al mismo sitio… todavía recuerdo cuando pasaste por mi lado lentamente pude olerte. Ese olor a chico limpio y seguro, como agarrabas con tus fuertes manos el paraguas que llevabas y cargabas en tu espalda una mochila… aun recuerdo cuando llegamos a nuestro destino y ambos, sin quererlo nos levantamos corriendo del asiento para buscarnos con la mirada. Y lo que más recuerdo y sé que jamás olvidare de ti fue el gran momento: cuando pasábamos el control de pasaportes, tu ya en tu país y yo en uno extranjero, cuando decidí que quería encontrarme con tu mirada. Y sucedió. Me miraste a escondidas, y yo te mire, nos quedamos unos segundos que para mi fueron suficientes como para darme cuenta que nunca sentiría algo igual. Apartaste la mirada, avergonzado y yo no pude evitar reírme por aquella situación. Tú te diste cuenta y me miraste, y te reíste. Yo me reía. Tú te reías. Los dos, ahí estábamos, riéndonos juntos, compartiendo los mismos sentimientos  mediante una leve sonrisa. Y cuando al final recogimos el equipaje, cuando nos buscamos con la mirada y con la misma nos despedimos, acompañada de una sonrisa inocente. Ese fue el peor momento. Cuando tuve que despedirme para SIEMPRE de ti.

Estoy hablando de un chico inglés, si. Un chico con el cual nunca he hablado pero si sentido mucho más que con cualquier chico con quien hubiera intercambiado mil palabras y me gustase. Porque sé que es prematuro que le quiera sin conocerle, pero apuesto lo que queráis a que alguna vez habéis tenido esa sensación de conocerlo de siempre. Eso sentía yo. Sentir que el corazón se te llena de mariposas y sentimientos incontrolables que no caben ahí dentro. Como se te sube un escalofrío cada vez que te mira y una bocanada de calor sete recorre desde los pies hasta la cabeza. Saber que lo más probable es que no lo vuelva a ver molesta, y mucho. Recuerdo estar un mes sin ganas de nada y al menos una semana, llorar por él. Por un chico que no conozco pero que me llego a gustar y llegué a sentir lo deseado por cualquier persona. Lo peor es que lo sentí en la persona equivocada. En una persona de otro país. ¿Probabilidades de volver a encontrarme con él? Ninguna. A día de hoy, habiendo pasado exactamente un mes y un día y seguir sintiendo que no lo has olvidado y que siente que te falta algo sin ni siquiera haber podido saber su nombre, digo yo que será por algo. Lo único que puedo hacer ahora es nada. Esperar. Esperar a que el destino o la casualidad me vuelvan a encontrar con él o que pueda llegar a sentir lo mismo con alguna otra persona. Pero sé que lo segundo  será imposible. Porque sé que era él, y ojalá me equivoque. A veces me pregunto que estará haciendo, si seguirá pensando en mi o si solo para el fui un juego de miradas. Esa duda siempre estará presente. Y nadie nunca me la podrá responder. Sé que si me lo volviera a encontrar lo reconocería. ¿Enamorada? No, no lo estoy. ¿Qué le quiero? Eso sí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario