lunes, 29 de octubre de 2012

Noche, oscura y triste noche.


 La noche cae sobre el cielo iluminado como un manto delicado y se va posando lentamente hasta inundarlo todo con su oscuridad. Desde ese momento te tumbas en la cama y te relajas. El momento de reflexión ha llegado. Te pones a pensar en hechos que nunca van a pasar y en finales felices que nunca ocurrirán. Te dedicas a echarle de menos lentamente, a pedirle a quien te escuche que lo único que deseas es dormir a su lado. Que te acompañe en esta noche tan fría. Te imaginas una vida a su lado, momentos felices, llenos de risas, sonrisas, caricias, besos y abrazos cargados de sentimientos a punto de desbordarse. Entonces te paras a pensar que eso nunca ocurrirá y una lágrima recorre tu mejilla mientras piensas “no tengo ganas de verle. Ni de estar con él. Ni de irme de fiesta. Ni de reír. Ni de correr. Ni de amar. Ni de bailar. Ni de abrazarte. Solo quiero dormir. Soñar. Descansar.”

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