La noche cae sobre el
cielo iluminado como un manto delicado y se va posando lentamente hasta
inundarlo todo con su oscuridad. Desde ese momento te tumbas en la cama y te
relajas. El momento de reflexión ha llegado. Te pones a pensar en hechos que
nunca van a pasar y en finales felices que nunca ocurrirán. Te dedicas a
echarle de menos lentamente, a pedirle a quien te escuche que lo único que
deseas es dormir a su lado. Que te acompañe en esta noche tan fría. Te imaginas
una vida a su lado, momentos felices, llenos de risas, sonrisas, caricias,
besos y abrazos cargados de sentimientos a punto de desbordarse. Entonces te
paras a pensar que eso nunca ocurrirá y una lágrima recorre tu mejilla mientras
piensas “no tengo ganas de verle. Ni de estar con él. Ni de irme de fiesta. Ni de
reír. Ni de correr. Ni de amar. Ni de bailar. Ni de abrazarte. Solo quiero
dormir. Soñar. Descansar.”
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